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martes, 25 de junio de 2013

El ciego vidente (última parte)

Saltó un chorro de sangre, y la cabeza cortada del viejo ciego rodó por el suelo.

De inmediato el viento cesó como por arte de magia y una risa enorme, maligna, salida de la nada, quebró el silencio, repetida mil veces por el eco. Una carcajada del demonio."

Shua, Ana María, Los seres extraños, Buenos Aires, Alfaguara, 2010.

Fin




El ciego vidente (parte 9)

Por más esfuerzo que hacía el hombre para controlar su brazo, le resultaba imposible. El verdugo vio la señal de muerte y bajó el hacha.
Continuará...

El ciego vidente (parte 8)

El guardián llegó a tiempo, levantó la bandera y la inclinó hacia la derecha en señal de perdón. Pero en ese momento se levantó un viento descomunal, un viento que empujaba a la bandera y al brazo mismo del guardián hacia la izquierda.

Continuará...

El ciego vidente (parte 7)

Por supuesto, las noticias del milagro corrieron muy rápido por toda la ciudad. Y pronto el mismo Emperador se enteró de que había un viejo ciego que se jactaba de ver sin ojos y de resucitar a los muertos.
El Emperador estaba indignado. La gente a la que gobernaba era demasiado ignorante, estaba dispuesta a creerse cualquier tontería y resultaba presa fácil para toda clase de impostores y tramposos. Él era un hombre inteligente, que había estudiado, y no estaba dispuesto a dejarse engañar tan fácilmente. En su propio palacio ya había dejado en ridículo a más de uno de estos supuestos magos, a los que castigaba severamente. Dio orden de que trajeran al ciego a la corte. Y ordenó que le pusieran delante una rata muerta.
-Dicen que tus ojos no ven este mundo pero pueden ver el Otro. ¿Qué ves aquí?- preguntó el Emperador.
-Ratas muertas -dijo el ciego.
-¿Ratas? ¿Cuántas ratas?
-Veo los espíritus de cinco ratas.
-¡Estafador, mentiroso! -gritó el Emperador, furioso -. Aquí hay una sola rata. A mí no me vas a engañar tan fácilmente.
-Cinco ratas muertas- insistió el ciego.
-¡Te atreves a discutir lo que todos estamos viendo! Hay que dar un buen ejemplo de una vez por todas. Este hombre debe pagar por sus engaños. ¡Que le corten la cabeza!
Inmediatamente los guardias del palacio tomaron de los brazos al pobre viejo y lo llevaron a la rastra hasta la Torre de las Ejecuciones. El ciego seguía insistiendo y protestando, lo que solo sirvió para aumentar la indignación del Emperador.
Cuando el emperador comprendió lo que había pasado y supo que acababa de condenar a muerte a un hombre sabio, que tenía realmente poderes mágicos, se horrorizó. Había cometido un error terrible. Pero por suerte todavía estaba a tiempo de solucionarlo.
-¡A la torre, ahora mismo! -le ordenó a uno de los guardias-. No pierdas el tiempo en subir las escaleras. Debes hacerle señales al verdugo desde abajo, con la bandera.
La señal era clara. Si la bandera se inclinaba hacia la izquierda, debía caer el hacha del verdugo. Si se inclinaba hacia la derecha, quería decir que el prisionero había sido perdonado.
Continuará...

El ciego vidente (parte 6)

 En la casa trabajaba como cocinera una mujer terriblemente curiosa, que no soportaba escuchar semejante griterío sin enterarse de lo que estaba pasando. Mientras el resto de la servidumbre acompañaba al padre cerca de la puerta, ella se acercó al cuarto por el lado del patio y con una aguja hizo un pequeñísimo hueco en la ventana de papel. Inmediatamente y antes de que la cocinera hubiera tenido tiempo de mirar, los demonios escaparon por el agujerito.
Entretanto, el chico había vuelto a la vida. Se sentó y se frotó los ojos. El ciego llamó a su padre.
-Hijito, hijito... -murmuraba el hombre, abrazándolo sin entender-. Qué te pasó...
-No me pasó nada, papá. Me quedé dormido y tuve unos sueños muy raros- dijo el chico.
El hombre se arrojó a los pies del viejo ciego y se los empezó a besar. Quería darle su casa, su fortuna, su vida.
Pero el viejo no quiso aceptar ni un centavo.
-Usted no puede darme nada, porque mi vida ya está terminada. Ya es tarde para mí. Podría haber destruido a esos demonios, pero ahora han escapado y están sueltos por el mundo. Me conocen, me odian y quieren vengarse. Van a matarme.
Y el viejo se fue con su bastón, cabizbajo, lleno de angustia, suspirando y despidiéndose de este mundo, mientras gruesas lágrimas caían de sus ojos ciegos.
Continuará...

El ciego vidente (parte 5)

Desde afuera, el padre y los servidores escuchaban con horror espantosos aullidos de varias voces distintas. Eran alaridos de pena, de dolor y de odio. El cántico ritual estaba matando a los demonios, que gritaban y buscaban desesperados una salida para escapar de la destrucción. El viejo ciego era el único que podía ver a los espíritus del mal. Con sus ropas brillantes y sus horribles caras deformadas de dolor, se lanzaban contra las paredes de la habitación, buscando enloquecidos una grieta por donde escapar.
Continuará...

El ciego vidente (parte 4)

El viejo ciego se quedó solo con el cadáver y comenzó a entonar una canción mágica, mientras se hamacaba hacia atrás y hacia adelante. La boca del cadáver se abrió de una manera extraña, como nunca podría haberse abierto en vida, y los espíritus malignos, uno por uno, comenzaron a retirarse del cuerpo.
Continuará...

El ciego vidente (parte 3)

En este momento está entrando a una casa muy grande y linda.
-Lléveme hasta ahí, es urgente- pidió el viejo.
La mujer, como la mayor parte de los habitantes de la ciudad, conocía y respetaba al viejo ciego y no tuvo inconvenientes en guiarlo hasta la puerta de la casa. En este momento, desde las habitaciones interiores, se escuchó un grito de terror y locura, un grito desesperado.
-¿Qué ha pasado? -le preguntó el ciego a uno de los servidores, el guardián de la puerta.
-¡Algo terrible! El hijo de nuestro amo, un muchacho fuerte y sano, ha caído muerto de repente, sin enfermedad, sin aviso. ¡Se le detuvo el corazón!
-Rápido, llévame ahora mismo adonde está tu amo, creo que todavía estamos a tiempo.
El guardián dudó un momento, pero después pensó que el dueño de casa estaba en tal estado que no tendría fuerzas para castigarlo si cometía un error. No podía haber ningún mal en acercarle a ese viejo ciego, que quizá podría decirle alguna sabia palabra de consuelo.
El hombre tenía todavía a su hijo en brazos y lo apretaba contra su pecho. Parecía atontado, como si hubiera recibido un fuerte golpe en la cabeza. No lloraba, pero tenía los ojos como desorbitados de pena y un gemido doloroso se escapaba de su pecho junto con la respiración. Se quejaba sin saberlo, sin darse cuenta.
El viejo no podía verlo, pero no necesitó que le dijeran dónde estaba. Sólo un padre podía gemir así por su hijo muerto.
No había tiempo que perder.
-Puedo salvar a su hijo- le dijo.
Y como el pobre hombre seguía sin responder, como si no hubiera entendido, se acercó y lo golpeó en el hombro con su bastón.
-¡Puedo salvarlo! Pero tengo que actuar ahora mismo, mientras su cuerpo está todavía caliente. Si dejamos que se enfríe será tarde.
-¿Qué... qué hay que hacer?- dijo el pobre padre, tratando de no ilusionarse con esas palabras increíbles.
-Debo echar a los espíritus malignos que entraron en él. Necesito quedarme con el cuerpo en un cuarto pequeño y absolutamente cerrado. No puede tener ni una rendija.
Inmediatamente se dispuso el lugar. El ciego se encerró con el cuerpo del chico en un cuartito, que los servidores se ocuparon de hacer hermético. Se cerraron bien las puertas y ventanas. Hasta las grietas mínimas se cubrieron con papel, el mismo papel que se usaba en esa época en las ventanas, en lugar de vidrio. Guiándose por las corrientes de aire, el viejo controló que no quedara ni la más pequeña posibilidad de salir al exterior. Ni la aguja más fina, ni siquiera el humo o el vapor podrían escapar de esa habitación.
Apenas unos minutos habían pasado, y sin embargo era casi demasiado. El cuerpo se enfriaba rápidamente.
Continuará...

lunes, 24 de junio de 2013

El ciego vidente (parte 2)

Un día como todos iba caminando por la calle cuando vio un grupo de demonios, vestidos de colores brillantes, que parecía estar siguiendo a alguien. El viejo detuvo a una mujer que pasaba.
-Por favor- le dijo-. ¿Quién va caminando allí?
Y señaló un punto, para él invisible, delante de los demonios.
-Es un chico- le contestó la mujer-. Un mandadero. Lleva una cesta con tortas de arroz y un poco de fruta.

Continuará...

lunes, 29 de abril de 2013

El ciego vidente

Leímos el cuento "El ciego vidente", un cuento tradicional coreano, del libro Los Seres Extraños de Ana María Shua. Entre todos lo ilustramos. Acá va el cuento y las ilustraciones que hicimos:

"Hoy la capital de Corea del Sur se llama Seúl y es una ciudad muy antigua. Más antigua todavía que esta historia, que sucedió precisamente en esa ciudad, cuando todavía se llamaba Hang-Yang y era la capital del reino de Chosun.
Por las calles de Hang-Yan solía caminar con su bastón un viejo ciego, a quien todos consultaban por sus dotes para adivinar el futuro.
-¿Cuándo me casaré, abuelo? -le preguntaban ansiosas las muchachas.
-¿Cuál es el mejor día para empezar la nueva siembra? -le preguntaban preocupados los campesinos.
-¿Qué debo hacer para tener suerte en mi nuevo negocio? -querían saber los comerciantes.
Y él daba siempre respuestas sensatas y acertadas. No solo porque era una persona inteligente, sino porque tenía, de verdad, ciertos poderes mágicos. No podía ver el mundo real, pero en cambio podía ver a los espíritus malignos y gracias a eso conseguía, muchas veces, desbaratar sus planes.


Continuará...